Federico Guzmán, el artista que vivía la cultura saharaui

  • Fedrico Guzmán, Fico, que falleció a los 61 años  de manera repentina en su casa de Sevilla, descubrió la cultura saharaui en 2008, cuando acudió por primera vez a ARTifariti, los encuentros internacionales de Arte y Derechos Humanos del Sáhara Occidental. Desde entonces, fue un habitual de los campamentos saharauis y un defensor de la causa saharaui.

Alfonso Lafarga.-

“Mientras los hombres combatían en el Sáhara Occidental contra el invasor marroquí, las mujeres huían con los niños, los ancianos descalzos y las cabras hacia el desierto argelino. Y atando sus melhfas, procuraban un poco de sombra para sus hijos. Eran las primeras jaimas en tierra ajena”.

El artista sevillano Federico Guzmán contaba que cuando oyó este relato a una mujer saharaui, “con tanta humanidad, protección y solidaridad”, se quedó grabado en su memoria.

Después de dos años de trabajo, nació una gran jaima multicolor, “poliédrica, futurista y utópica”, realizada con melhfas -vestimenta tradicional de la mujer saharaui hechas por mujeres del campamento saharaui de Bojador, en Tinduf (Argelia), que expuso en la Casa de Cristal, en el madrileño Parque del Retiro, muestra organizada por el Museo Nacional de Arte Reina Sofía.

Federico Guzmán, que falleció a los 61 años  de manera repentina en su casa de Sevilla el pasado fin de semana, descubrió la cultura saharaui en 2008, cuando acudió por primera vez a ARTifariti, los encuentros internacionales de Arte y Derechos Humanos del Sáhara Occidental, una cita con el arte, con las prácticas artísticas como lenguaje-herramienta para reivindicar los Derechos Humanos, el derecho de las personas y los pueblos a su tierra, su cultura, sus raíces y su libertad.

A partir de esa fecha, Fico, fue un asiduo de los campamentos saharauis en Tinduf, y en Tifariti, en los territorios liberados del Sáhara Occidental por el Frente Polisario, lugar de encuentro de artistas internacionales para realizar creaciones en un espacio donde el arte y las practicas artistas se ponen al servicio de la dignidad, la memoria y la libertad de los pueblos. Y allí, dejó plasmadas sus obras.

Un antes y un después

Su presencia en ARTifariti supuso para Fico un antes y un después: “Cuando llegué me creía un artista que conocía el mundo y se me cayeron los palos del sombrajo al conocer una cultura árabe, africana, musulmana, que habla español, que siguen siendo nuestros compatriotas, porque la descolonización no se llevo a efecto de manera legal”, declaró en una entrevista. “La cualidad de los saharauis con su dignidad, su fuerza, su sentido del humor, me impresionaron”, confesó.

Con la exposición en el Palacio de Cristal, en Madrid (2015), que tituló “Tuiza, Las culturas de la jaima”, Federico Guzmán explico que en hassanía, dialecto que se habla en el Sáhara Occidental y Mauritania, tuiza significa un trabajo en común, “la solidaridad entre mujeres cuando se ayudan unas a otras, como esquilar a las ovejas, preparar una boda o levantar una jaima”.

Según explicó, mujeres saharauis dibujaron, tiñeron y pintaron las melhfas a partir de bocetos del artista que ellas mismas eligieron. Y cada melhfa con su historia: “Dos verdes que representan el muro de la vergüenza, el campo de minas más grande del mundo que divide a las familias y al Sáhara Occidental en dos mitades. Otra naranja con motivos que representan los recursos naturales del territorio que están siendo expoliados, como las minas de fosfatos, los bancos de pesca, los invernaderos con las verduras que se venden ilegalmente o las prospecciones de gas”.

Fico reveló que las mujeres quisieron pintar, sobre todo, “cosas de paz, alegres que generan una imagen de su cultura más solidaria” y “representaron las imágenes del desierto, las tradiciones beduinas, los objetos de la jaima, elementos de hospitalidad de las familias”. Destacó la melhfa de la mujer de arena, “una mujer duna que crece sobre la inmensidad del desierto, que representa la naturaleza y que va avanzando, moviéndose con el paisaje absoluto del desierto y termina cubriendo el muro militar”, y matizó: “Es el triunfo de la paz, de la mujer y de la naturaleza y la justicia sobre la separación y la expulsión.

Interés en los Derechos Humanos

Para el artista,  esas melhfas son “la vida cotidiana de un pueblo milenario, nómada y beduino, que es viento, sol y arena, habitando el poderoso desierto. Un pueblo que se caracteriza por su hospitalidad y su resistencia. A través de la conversación con poetas y músicos alrededor de una deliciosa ceremonia de té viajamos a las entrañas del Sáhara conociendo sus culturas”

Federico Guzmán era presentado como un artista que emergió con fuerza en la escena artística española a mediados de los ochenta, consciente de la capacidad del arte para cambiar la sociedad. En los noventa, durante sus estancias en Nueva York y en Bogotá, su interés se fue dirigiendo a proyectos de autoría colectiva, expandidos en el espacio público y con la participación creativa de los asistentes, entendiendo la figura del artista y su trabajo como algo inseparable del contexto en el que vive, con especial interés en los Derechos Humanos.

Para el ministro de Cultura de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Musa Salma, Federico Guzmán no fue únicamente un firme solidario con la causa saharaui, “sino un referente ético y cultural, que supo tender puentes sólidos entre la creación artística y el compromiso humano, entre la cultura y la defensa de la justicia y la dignidad de los pueblos”.

En un mensaje enviado a la familia, el ministro recalcó que el artista encarnó con coherencia y convicción el ejemplo del intelectual comprometido, “haciendo de la cultura saharaui un instrumento de resistencia pacífica, del arte un lenguaje de conciencia, y de la solidaridad una práctica constante y responsable”.

Federico Guzmán expuso en galerías de España, Francia, Estados Unidos, Suecia o Colombia, y  su obra está en colecciones internacionales como el MoMA de Nueva York, el Museum Boijmans Van Beuningen de Rotterdam y nacionales:: las del Reina Sofía, del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, del Museu d’Art Contemporani de Barcelona, del Institut Valencià d’Art Modern, del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León o del Centro Galego de Arte Contemporánea.