
- Exteriores niega información a los medios de comunicación que considera “hostiles”.
- Asociaciones de Periodistas denuncian prácticas contrarias al derecho a la libertad de información, recogido en Constitución Española
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Alfonso Lafarga.-
El Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación (MAEC), que dirige el socialista José Manuel Albares, niega información a los medios de comunicación que considera “hostiles”
Lo denuncian la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), que condenan el trato de Exteriores a los periodistas, “con prácticas que son claramente contrarias al derecho a la libertad de información recogido en el artículo 20 de la Constitución Española”.

La APM, en un comunicado, al que se ha sumado la FAPE, concreta los intentos del ministro y de su director de Comunicación, Antonio Asencio -desvelados por distintos medios de comunicación-, “de tratar de que determinados periodistas sean apartados por sus jefes de la cobertura de las actividades del Ministerio, tras publicar informaciones o hacer preguntas que no eran de su gusto”.
La APM, recogiendo las quejas que le han hecho llegar bastantes de los corresponsales diplomáticos, denuncia estas presiones y la actitud hacia los periodistas por parte de los responsables del Ministerio de Exteriores, que les impide ejercer su trabajo de informar a los ciudadanos.
Entre esas denuncias figuran, además de los vetos -más o menos explícitos- a algunos periodistas, la ausencia de respuesta a las preguntas que son formuladas o la clasificación de los medios de comunicaciónen “amistosos y hostiles”, para negarles a estos últimos cualquier tipo de información.
La APM respalda ese tipo de denuncias y condena que el director de Comunicación del MAEC limite las escasas comparecencias del ministro a dos o tres preguntas y que se permita, incluso, decir abiertamente qué medios o qué periodistas pueden hacer las mismas.
El comportamiento de Exteriores que ha desencadenado la protesta de la prensa lo relata Francisco Carrión en El Independiente:
La escena del Palacio de Viana fue breve. Tras ocho meses sin ruedas de prensa, una periodista le recordó al ministro la cuenta en una comparecencia con su homólogo griego Georgios Gerapetritis. Albares respondió en 28 segundos con desgana y enfado y se marchó. Horas después, desde el Ministerio una comunicación directa con la dirección de Europa Press pidió la “cabeza” de la redactora y trasladó su veto en el Ministerio. Un informador más caído en desgracia.
El episodio, revelado por El Confidencial Digital, fue la chispa que encendió una indignación acumulada durante meses entre corresponsales diplomáticos y dentro del propio cuerpo diplomático. El mensaje era inequívoco: la periodista que había formulado la pregunta, Leyre Guijo, era incluida en la lista negra de reporteros que se ha instaurado en el ministerio desde la llegada de Albares. Se reclamaba su “cabeza”.
El recordatorio de la periodista, elegida para formular una serie de preguntas consensuadas con el resto de reporteros ante la imposición de un único turno por parte del director de comunicación de Albares, fue factual: la prolongada ausencia de comparecencias públicas. La respuesta resultó fugaz y el gesto, elocuente: Albares dio media vuelta y se marchó.
Horas después de la huida apresurada de Albares, según fuentes citadas por distintos medios, se produjeron llamadas directas a la cúpula de la agencia, que -aunque llegó a plantearse aceptar la exigencia- terminó reculando por el revuelo mediático generado. Para quienes siguen Exteriores a diario, lo sucedido no es un error ni es siquiera puntual. Es la confirmación de un patrón: negativas reiteradas a responder las peticiones de información, silencios prolongados, vetos selectivos, cancelaciones de última hora y presión directa sobre empresas periodísticas cuando las preguntas o los periodistas incomodan al titular de Exteriores.
No es un incidente: es ya un método
Un diplomático español, que acepta hablar con El Independiente solo off the record por temor a represalias, sitúa el conflicto en una secuencia más larga. “Después de haber condenado al silencio cualquier atisbo de crítica entre sus compañeros diplomáticos con ceses sonados y ejemplarizantes, Albares sabe que los periodistas españoles que cubren Internacional son su último obstáculo para implantar un estilo autocrático, arbitrario y falto de transparencia”, denuncia.
La fuente subraya que el objetivo no es solo someter a la agenda mediática, sino disciplinar. “Los periodistas han escrito piezas objetivas e independientes describiendo los usos de Albares. Sin embargo, el intento de silenciar a Leyre Guijo quizá haya sido un punto de no retorno. Ha intentado socavar la independencia de criterio a través de presiones a la empresa”, lamenta acostumbrado ya a las purgas y los métodos del ministro.
Doha: la opacidad exportada
Ese mismo método se ha reproducido fuera de España. En el Doha Forum, celebrado el pasado diciembre en Qatar, el gabinete de prensa de Exteriores prometió declaraciones del ministro a los periodistas españoles desplazados hasta allá.
Minutos después de que el Ministerio tuviera conocimiento de la identidad de algunos de los informadores presentes -entre ellos, este periodista de El Independiente-, la atención a los medios fue cancelada por el propio Asencio alegando “problemas de agenda”. No hubo disculpas ni más explicaciones. Ese mismo día, el ministro sí tuvo tiempo para conceder entrevistas a medios extranjeros también presentes en la conferencia.
Antecedentes documentados
La hemeroteca de El Independiente recoge una cadena de incidentes previos: vetos a viajes oficiales, exclusión de reuniones informativas con medios, cancelaciones de declaraciones comprometidas y restricciones de acceso que afectaron de forma específica a periodistas de este medio. Desde Exteriores se llegó a impedir durante semanas la inclusión de un periodista de este medio en el grupo de WhatsApp de los corresponsables diplomáticos.
En varios casos, las decisiones se produjeron después de publicaciones críticas sobre la política exterior del Gobierno, desde Marruecos y el Sáhara Occidental hasta el papel de España en foros multilaterales.
Los periodistas afectados relatan un patrón reiterado: cuando el enfoque no gusta, se cierra de un portazo. Tolerancia cero con la libertad de prensa. No hay rectificación pública ni explicación transparente; hay silencio administrativo y, en ocasiones, represalias y advertencias.
El malestar cristalizó por primera vez de forma colectiva en 2024. En una carta dirigida al entonces director general de Comunicación, Diplomacia Pública y Redes, Julio Pastor, los corresponsales diplomáticos expresaron su insatisfacción con el acceso a la información y a las fuentes del Ministerio.
El trabajo del gabinete de prensa es mínimo, a pesar del número de personas empleadas -más de media docena-: el grupo de WhatsApp habilitado para la difusión de comunicados entre los periodistas no funciona con regularidad -en diciembre se enviaron dos mensajes y en enero, cuatro- y las solicitudes de información vía email no se contestan a pesar del acuso de recibo automático. La dinámica interna es consultarlo todo con el ministro, que -como en el resto de áreas- no delega e impide que nadie por debajo de él atienda a la prensa.














