
- La ONU se marcha del Sáhara Occidental y el Gobierno de España, la antigua potencia colonial, guarda silencio. Apoyó en 2022 un plan de autonomía marroquí que ya no existe. En la frontera sur crece ahora la tensión que puede desembocar en una guerra
Ignacio Cembrero, en El Confidencial.-
Hay silencios reveladores de una gran incomodidad. La situación del Sáhara Occidental ha dado un vuelco el pasado viernes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y, al día siguiente, el contingente de «cascos azules» (MINURSO) desplegado desde hace 35 años en esa antigua colonia española empezó su retirada.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de España se pronuncia en redes sociales y mediante comunicados sobre los temas más insólitos, pero sobre el Sáhara permanece mudo desde hace seis días. Años atrás se alegraba de la renovación del mandato de la MINURSO, pero ahora ni siquiera ha lamentado la salida de esta fuerza de contención de los beligerantes. Su presencia incomodaba a Marruecos porque le restaba margen de maniobra. «El Gobierno de España no ha dicho nada», se sorprende Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria. La Casa Real marroquí sí celebró el viernes pasado su marcha.
El choque entre EEUU y Rusia en el Consejo de Seguridad ha acabado con el plan de autonomía que Marruecos ofrecía para resolver el conflicto que causó España en 1975 al abandonar precipitadamente el Sáhara Occidental. Fue ese plan el que apoyó el presidente Pedro Sánchez en la misteriosa carta que remitió, en marzo de 2022, al rey Mohamed VI de Marruecos y cuyo contenido exacto no ha sido desvelado por el Gobierno.
¿Cuál es ahora, tras la desaparición del plan de autonomía, la posición de España, la antigua potencia colonial? Quizás se acabe conociendo el 10 de noviembre cuando se reúna la Asamblea General de la ONU para debatir sobre el tema. Quizás ese día el embajador de España ante la ONU, Héctor Gómez Hernández, intervenga ante ese órgano y después vote a favor o en contra de la resolución.
El Sáhara se adentra ahora por un camino ignoto que, de una forma u otra, tendrá consecuencias para España. Una mayoría de analistas de think-tanks prevén un incremento de la tensión. Es un riesgo sobre el que ya advirtió el domingo Antonio Guterres, secretario general de la ONU. Algunos vaticinan incluso una guerra asimétrica de desgaste o incluso una invasión con la que las Fuerzas Armadas Reales se adueñarían de la franja oriental del Sáhara Occidental (20% del territorio) que no controlan. ¿Qué haría entonces el Ejército argelino?
La primera consecuencia es que Rabat va a tratar de conseguir, presionando a países cercanos, aquello que no logró a través del Consejo de Seguridad: que se reconozca la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Un buen número de capitales occidentales han apoyado el plan de autonomía, pero sólo dos, Washington en 2020 y París en 2024, han dado ese paso.
Las autoridades marroquíes van ahora a recrudecer sus presiones sobre España para que haga otro tanto. Un largo artículo publicado hace un año en Atalayar, portavoz oficioso del lobby marroquí en España, ya dejaba claro que las prioridades de Rabat son que el Gobierno español le transfiera el control del espacio aéreo del Sáhara, que se sigue ejerciendo desde el aeropuerto de Las Palmas, y que reconozca también su soberanía sobre el territorio en disputa. A esas dos se añaden un reparto ventajoso de las aguas territoriales y la explotación conjunta de las riquezas del monte Tropic. El artículo fue reproducido por varios diarios marroquíes.
Amar Belani, que fue «número dos» de la diplomacia argelina, opina que Marruecos va a ir incluso más allá. «Pretende convertir los apoyos bilaterales obtenidos a favor de su plan de autonomía en una mayoría multilateral capaz de respaldar una iniciativa para retirar al Sáhara Occidental de la lista de territorios no autónomos», sobre los que se debate con regularidad en la IV Comisión de las Naciones Unidas, afirma. Por de pronto, Rabat está convencido de haber conseguido que el Consejo de Seguridad no vuelva a abordar el conflicto sahariano, según se deduce del comunicado real del viernes 30.
Para que sus presiones sean más eficaces, Marruecos no ha dudado en instrumentalizar la inmigración irregular. Por eso, el otro frente que se abre ahora para España es, más aún que Ceuta y Melilla, el de Canarias. Las islas están «en una posición de vulnerabilidad geopolítica debido a su extrema proximidad geográfica», recuerda Luis Romero Díaz, que fue hasta hace poco «número 3» del CNI. Menos de 100 kilómetros separan a Fuerteventura de la costa marroquí.
«El archipiélago canario pasa de ser la frontera europea pacífica actual a convertirse en la retaguardia inmediata de una zona de guerra interior y de un probable incremento exponencial del fenómeno migratorio» procedente del Sáhara Occidental, advierte este analista. Hasta ahora, el peor año fue 2024, cuando desembarcaron en Canarias 46.843 inmigrantes.
«Un Sáhara inestable, con movimientos de tropas, desplazamientos de población y un Sahel en descomposición, es el caldo de cultivo perfecto para nuevas presiones sobre la ruta atlántica», asegura Antonio Morales en una tribuna publicada en el diario Canarias 7. «La estabilidad del Atlántico Medio es para Canarias una condición sine qua non de supervivencia económica y social», añade.
Hugue Lovatt, del think tank European Council on Foreign Relations, comparte estos temores. «Los europeos se enfrentan a la perspectiva real de un nuevo enfrentamiento, de alcance cada vez mayor, que podría poner en peligro sus intereses fundamentales, desde la gestión de la inmigración y la seguridad energética hasta la integración económica regional», escribe Lovatt. Y España está en primera línea.
Hay países como Francia que, pese a secundar a Marruecos en el Sáhara, se mostraron partidarios en el Consejo de Seguridad de prorrogar el mandato de la MINURSO. España también «debe defender en Naciones Unidas algún mecanismo de verificación que sustituya a los observadores antes de que el vacío lo llenen las armas», escribe Morales en otro artículo.
El actual Ejecutivo socialista no lo hará el próximo martes en la Asamblea General y el que le sustituya, presidido quizás por Alberto Núñez Feijóo, probablemente tampoco. Lo último a lo que querría enfrentarse un presidente del Gobierno recién llegado a la Moncloa es a una crisis con el vecino del sur.
Marruecos reiteró el miércoles su firme decisión de deshacerse cuanto antes de la MINURSO recogida ya en el comunicado real del viernes pasado. Otro comunicado real anunció que el rey Mohamed VI había presidido «una reunión de trabajo dedicada al seguimiento de la próxima etapa tras el fin de las funciones de la misión de Naciones Unidas». El monarca supervisa personalmente la salida de los cascos azules que temperaron un poco el ardor guerrero.














