El cine español contra Nolan y su rodaje en el Sáhara: Sorogoyen, Bollaín o Tosar le acusan de complicidad con Marruecos

  • El Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara) Lanza un manifiesto que acusa a Universal Pictures y a las productoras implicadas de ser “cómplices involuntarios” de la ocupación marroquí.
  • Entre los firmantes Javier Bardem, Rodrigo Sorogoyen, Icíar Bollaín, Juan Diego Botto, Carolina Yuste, Itziar Ituño, Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Nathalie Poza, Amparo Sánchez y Eliseo Parra, y cineastas internacionales como Paul Laverty, David Riker y Lurdes Pires.

Francisco Carrión, en El Independiente

El director británico Christopher Nolan se ha convertido en el epicentro de la polémica tras el rodaje de escenas de su nueva superproducción, La Odisea, en la ciudad de Dajla, en el Sáhara Occidental, un territorio ocupado por Marruecos desde 1975 y pendiente de descolonización según Naciones Unidas.

El Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara) ha lanzado este lunes un manifiesto que acusa a Nolan, a Universal Pictures y a las productoras implicadas de ser “cómplices involuntarios” de la ocupación marroquí. El texto ya cuenta con el respaldo de más de un centenar de artistas, cineastas, activistas y defensores de derechos humanos que exigen al director británico una rectificación pública.

Firmantes

Entre los firmantes figuran Javier Bardem, Rodrigo Sorogoyen, Icíar Bollaín, Juan Diego Botto, Carolina Yuste, Itziar Ituño, Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Nathalie Poza, Amparo Sánchez y Eliseo Parra, además de cineastas internacionales como Paul Laverty, David Riker y Lurdes Pires. La lista se completa con figuras saharauis como la reconocida defensora de derechos humanos ElGhalia Djimi, víctima de desaparición forzada durante años en prisiones marroquíes.

“Hasta que Nolan y su equipo rompan su silencio, Marruecos actúa de portavoz de la producción y les convierte en cómplices de la represión contra el pueblo saharaui”, denuncia María Carrión, directora ejecutiva de FiSahara. La organización recuerda que, mientras Hollywood guarda silencio, el ministro de Cultura marroquí ha celebrado el rodaje como un paso para convertir Dajla en un plató internacional.

La polémica se intensificó después de que el propio ministro presumiera en redes sociales de haberse reunido con Nolan y con la actriz Charlize Theron, embajadora de la ONU para la eliminación de la violencia contra la mujer. “Estoy segura de que Charlize Theron no apoyaría la violencia de género cometida sistemáticamente por las fuerzas de ocupación contra mujeres saharauis”, subraya Carrión.

El manifiesto de FiSahara reclama tres acciones concretas: que Nolan y Universal Pictures reconozcan públicamente que no deberían haber filmado en Dajla; que no utilicen las imágenes rodadas en el montaje final de La Odisea; o, en su defecto, que obtengan el consentimiento del pueblo saharaui a través de sus representantes legales.

La iniciativa cuenta con el respaldo del movimiento internacional de solidaridad con el Sáhara Occidental, que pide a Nolan utilizar su influencia para visibilizar la situación de un pueblo atrapado entre la ocupación militar, la represión y el exilio en los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), donde cada año se celebra el festival.

“Si Nolan quiere comprender la realidad saharaui, le invitamos a alojarse con una familia refugiada en Tinduf. No hay mejor escenario para entender lo que significa vivir medio siglo esperando un referéndum que nunca llega”, remata Carrión. Mientras tanto, el equipo de La Odisea mantiene un hermético silencio.

Javier Bardem

Javier Bardem ha vuelto a poner el foco sobre el Sáhara Occidental. El actor español, históricamente comprometido con la causa saharaui, ha criticado abiertamente el rodaje de la nueva película de Christopher Nolan en Dajla, ciudad ocupada por Marruecos desde 1975. Con un mensaje en sus redes sociales, Bardem denunció que “durante 50 años Marruecos ha ocupado el Sáhara Occidental, expulsando al pueblo saharaui de sus ciudades. Dajla es una de ellas”.

Su pronunciamiento llega en medio de la polémica que rodea a La Odisea, la superproducción de Nolan protagonizada por Matt Damon y Zendaya. Parte del filme se rodó en la ocupada Dajla, un enclave que Rabat ha convertido en escaparate turístico y ahora también cinematográfico. Para activistas saharauis y los organizadores del FiSahara, transformar este territorio en escenario de Hollywood es un acto de legitimación cultural de la ocupación, un intento de borrar la memoria de quienes fueron desplazados y de presentar como normalidad una situación que sigue marcada por el despojo y la represión.

Un rodaje convertido en propaganda

El uso propagandístico de este rodaje ha sido explícito. Durante la filmación, el ministro de Cultura, Juventud y Comunicación de Marruecos, Mehdi Bensaïd, visitó el set y celebró ante la prensa que la superproducción contribuiría a dar “mayor visibilidad internacional a Dajla como destino turístico y cinematográfico”. Añadió que el gobierno marroquí impulsará la creación de una escuela de cine en la ciudad, convencido de que el rodaje de Nolan atraerá a más productoras extranjeras y reforzará la imagen de las llamadas “provincias del sur” [el término que usa el régimen marroquí para referirse al Sáhara Occidental, el último territorio de África pendiente de descolonización] como «un polo cultural y moderno».

Para los activistas saharauis, estas declaraciones confirman el uso del cine como herramienta de propaganda. Mostrar a Dajla como un paraíso turístico y cinematográfico, insisten, implica blanquear la ocupación y ocultar la realidad de un pueblo desplazado que continúa esperando un referéndum de autodeterminación avalado por la ONU, medio siglo después de la retirada española.

Mientras las cámaras de Hollywood capturan paisajes de playas vírgenes y avenidas recién construidas, detrás de la postal se esconde una ciudad profundamente militarizada. Los saharauis denuncian la vigilancia constante, la ausencia de libertades y la expulsión sistemática de periodistas y observadores internacionales. En los campamentos de refugiados de Tinduf, en el desierto argelino, decenas de miles de personas siguen viviendo en condiciones precarias, esperando poder regresar a su tierra.

El rodaje, aunque breve, ha generado una sensación de agravio. Para los saharauis, ver a estrellas internacionales actuar en sus antiguas ciudades equivale a una segunda expulsión: esta vez, simbólica. “Convertir Dajla en un escenario de cine es borrar nuestra historia y nuestra presencia”, repiten los activistas.

Bardem, voz incómoda para la industria

Bardem no es un recién llegado a esta causa. Durante años ha participado en documentales y actos de denuncia sobre la situación de los saharauis. Su mensaje actual, dirigido implícitamente a la industria cinematográfica, cuestiona los límites éticos del cine cuando se rueda en territorios ocupados. Bardem rodó hace 13 años el documental Hijos de las nubes centrado en destierro de los saharauis, habitantes de la ex colonia española ocupada por Marruecos desde 1975.

Ni Christopher Nolan ni los responsables de The Odyssey han respondido hasta el momento a las críticas, un silencio que alimenta el debate sobre la responsabilidad de las grandes producciones en contextos de conflicto.

Cine y memoria en disputa

El caso de La Odisea ilustra cómo la cultura puede convertirse en un campo de batalla simbólico. Para Marruecos, el rodaje es un triunfo propagandístico: la proyección de una supuesta ciudad moderna y abierta al mundo. Para los saharauis, es la confirmación de que su historia sigue siendo invisibilizada, sustituida por una imagen de postal que ignora décadas de exilio y represión.

La denuncia de Bardem, tras la censura de activistas saharauis, ha devuelto el tema a la agenda internacional, recordando que el Sáhara Occidental no es un simple decorado para el cine. Es un territorio marcado por una ocupación que persiste en la sombra y por un pueblo que sigue esperando la resolución de su destino.